octubre 17, 2018

El espíritu de todos los tiempos

En la tradición mexicana, destacan la calidez, la sabiduría y el arte a la hora de honrar a los muertos. Es una riqueza cultural que con humildad heredamos. A principios de noviembre los hogares se llenan de color, las mesas se cubren de sabores y, ante la mirada de todos, vuelven a bañarse de luz y de vida las imágenes de los seres queridos.

¿Qué mejor que volcar nuestro calor, y más durante esos días especiales, en el recuerdo de los nuestros? Solo así, creemos nosotros, se hace honor, y se mantienen bien presentes, las alegrías que compartimos y que nos regalaron quienes ahora recordamos. El altar o “altarcito” mexicano, con su colorido y sus delicias, establece un lazo de vida celebrada, capaz de llegar hasta los más pequeños de la familia que cruzan la escena corriendo para observar tímidamente las imágenes y conseguirse un dulce.

 

 

México es, por su Día de Muertos, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la máxima distinción concedida por la Unesco. Y es este un regalo de espíritu vivo, procedente de tiempos extraordinariamente antiguos, que nosotros solo podemos sentirnos orgullosos de tener en el corazón de nuestra manera de hacer las cosas.

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