noviembre 1, 2018

Alimento para el alma

En todas las tierras de ascendiente maya sucede, desde finales de octubre para los más adelantados, algo que nos atrevemos a llamar un moderno milagro. Las manos reunidas y el cariño de los vivos cocinan, por una vez al año, “alimento para el alma”. Manjares compartidos por quienes forman parte de nuestro pasado más querido y son incluidos ahora, con amor, a la mesa de los presentes. Es Hanal Pixan.

En este momento de generosidad y agradecimiento, creemos que brilla con luz propia el puente atemporal que tienden las manos de los vivos. A semejanza de los antiguos mayas, que a menudo guardaban para sus muertos lugares escogidos dentro de sus propias casas, Hanal Pixan nos aúna en torno a su mesa. (Siempre y cuando la mesa no tenga clavos ni alambres, para que no se enganchen al llegar los fantasmas). Un punto vibrante de reunión entre pasado y presente, fundidos para celebrar lo mejor de ambos y sobre todo la fiesta de su encuentro, sobrevolando el tiempo.

 

 

Reunidos para recordar. Animados por el fuego mismo de la vida, el alimento, en este caso no solo del cuerpo sino también del alma. Todo ello, sentimos nosotros, en un espíritu de abrazo y homenaje que sólo nos queda seguir atesorando siempre.

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